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Valoración del servicio de salud mental y la participación comunitaria en el primer nivel de atención

“una suerte de sensibilidad y simpatía para el ser de cada hombre enfermo, a quien se comprende y se atiende tanto por sí mismo, en su situación concreta, cuanto como prójimo, semejante y copartícipe del destino común, colocado en el tiempo frente a la vida, frente a la muerte y frente a lo espiritual e imperecedero”

Delgado, 1992

“No hay salud sin salud mental”

OMS, 2013

 

 

En el Perú, tomando los apuntes del MINSA (2014) se estima cuatro de cada diez peruanos padece de alguna enfermedad de salud mental, además, once millones de peruanos tendría a lo largo de su vida un problema de salud mental, siendo el 20% los que reciben algún tratamiento. A pesar que existe un porcentaje de personas que acuden a un ambiente de servicio de salud, aún existe una gran cantidad de personas que conviven con algún problema de salud mental sin tomar las medidas de remediarlo o prevenirlo, encontrando que once millones de peruanos tendría a lo largo de su vida un problema de salud mental. Lo primero posiblemente se deba porque el 70% de peruanos no saben cuidar su salud mental y ello lo hace propenso a factores de riesgo.

Sin embargo, son las propias características de la realidad peruana que facilita los problemas de salud mental, es decir, los aspectos económicos, siendo el 54% de la población, se encuentra asociado al desempleo, desnutrición, carencias educativas, déficit sanitario y de salud, etc. El aspecto social, la exclusión que constituye la base de las desigualdades en los recursos y necesidades de salud mental entre varones y mujeres, según refieren los analistas (Standing, 2000, en MINSA, 2004). Y en lo relacionado con la cultura, Nuñez (1998) concluye que, como resultado de la anomia, las personas, especialmente los adolescentes, se encuentran desprovistos de normas y valores que puedan darle sentido a sus actos y orientación a las realizaciones de su vida, en consecuencia, una sensación de vacío y la pérdida del respeto por la vida propia y la ajena. Es así que estos aspectos son los que actúan permanente mente en el desarrollo integral de la persona (MINSA. 2004).

Esto último se refuerza con los hallazgos realizados por INSM HD-DN (2013), donde el 26,6% de la población adulta percibe que el principal problema del país es la delincuencia, seguido de la corrupción, y el desempleo, asimismo, la delincuencia, el narcotráfico y en terrorismo, la salud y el dinero generan un alto nivel de estrés en la persona. En la población general, entre el 10% y el 20% de las personas experimentan con mucha frecuencia estados anímicos negativos como tristeza, preocupación, tensión, aburrimiento, irritabilidad, angustia e inquietud.

La sociedad peruana afronta esto constantemente y las pocas o nulas habilidades o el conocimiento de afrontamiento lo lleva a continuar con su estado, además, el considerar que aún está inmersa la cultura de atenderse exclusivamente cuando el problema está presente o se agrava, ocasionando ello frustración en las relaciones interpersonales, problemas laborales y familiares.

De la misma manera, según el INSM (2013), en el Perú se presenta que el 59,4% de la población adulta en Lima Metropolitana y Callao manifiestan sentimientos de preocupación, pena, tristeza o depresión, Por otro lado, los adolescentes presentan pena, tristeza o depresión en un 21,2%, estos resultados reflejan un problema de salud mental que experimenta la sociedad peruana, llegando incluso a consecuencias irreparables como el suicidio o actos violentos contra el bienestar de otras personas.

A nivel nacional, la Dirección General de Epidemiologia (DGE, 2012, en MINSA, 2014) determinó que las regiones con mayor vulnerabilidad, respecto a los problemas relacionados con la salud mental, entre ellos, depresión, ansiedad, alcoholismo, esquizofrenia, etc., se dan en Apurímac, Loreto, Pasco, Huancavelica, Amazonas, Ayacucho y Huánuco.

Considerando la definición de salud mental (OMS, 2001), como un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, habilidades y destrezas, además, puede afrontar las presiones normales de la vida cotidiana, y con ello trabajar productiva y fructíferamente, además de ser capaz de hacer una contribución a la comunidad, dando una visión integral del ser humano. Lo cual abarca la capacidad de autocuidado, empatía y confianza en la relación con los demás; facultad de mediar sus pensamientos guiados por valores y principios familiares, sociales y culturales interiorizados, capacidad de disfrute y búsqueda de sentido a la vida, entre otras.

De este modo, se comprende como problemas de salud mental a los trastornos mentales, los factores de riesgo para su desarrollo, la violencia y el maltrato infantojuvenil, la migración y conflictos sociales (MINSA, 2014). En el Plan Nacional Concertado de Salud (2011, en MINSA, 2014) nos dice que uno de los problemas sanitarios es la deficiente salud mental de la población con una alta prevalencia de violencia intrafamiliar, pandillaje, violencia social, adicciones y enfermedades neuropsiquiátricas como son la depresión, la psicosis y el intento de suicidio. Siendo esto causa del sufrimiento, menor calidad de vida y bienestar, afectando la productividad y participación del individuo tanto de forma personal, familiar y comunal.

Como se mencionó líneas arriba y apoyado con esto último, se observa que los problemas presentes en el área de salud, resulta inevitable verlo aislado de cualquier relación con la comunidad, es en ella donde surge y se convive con estos factores de riesgo y tratar de conseguir, a pesar de ello, el bienestar del individuo. Viendo se gran importancia la Atención Primaria de Salud, pues parte de cuestionamiento directo a las prácticas sociales vigente en salud mental a la forma cómo se organizan los servicios, cómo se diseñan los modelos y valores que inciden para definir, interpretar y dar respuestas a las necesidades de salud mental (Baca, 2012, en Unifé, 2013) 

Con ello, la atención primaria de salud mental (APSM) implica resaltar el tipo de servicio y sus necesidades, un asesoramiento y atención a pacientes, familiares y grupos de la comunidad, abarca la evaluación, tratamiento y rehabilitación, como la atención en crisis; también, la participación en el programa de apoyo comunitario (redes sociales).

Por ello, tomando la definición de salud mental comunitaria (AMARES, 2006), el cual consiste en el mejoramiento progresivo de las condiciones de vida comunal y de la salud mental de la comunidad, ello mediante actividades integradas y planificadas de protección y promoción de la salud mental, prevención de malestar y problemas psicosociales, entre otros; considerando en todo momento la participación activa. Es decir, no debe limitarse a la atención en un centro de servicio, sino ofrecer servicios comunitarios por el bien de la atención de salud mental. Con esto se conocen dos formas de intervenir en la salud mental comunitaria, siendo la promoción y la prevención los ejes principales en esta intervención.

De este modo, la promoción (AMARES, 2006) está basado en intervención que actúa sobre los determinantes de la salud y favorece la práctica de conductas y la creación de entornos saludables. Además, se centra en movilizar a la comunidad hacia su protagonismo respecto a la búsqueda y mantenimiento de su salud, al sentido de disfrutar de una salud mental.

Mientras que la prevención (AMARES, 2006) es una forma de intervención cuyo objetivo principal es reducir los factores de riesgo relacionados a la salud mental. Los niveles y las acciones de prevención más difundidas son la primaria, dirigida a la comunidad en general, para evitar la existencia de conductas de riesgo que lleven a una patología que afecte la salud mental; secundaria, dirigida a personas en riesgo de enfermar, es decir, expuestas a los factores de riesgo de manera permanente, con el fin que permanezcan sanas o que sepan cómo responder a la enfermedad; y la terciaria, dirigida a las personas ya enfermas, para proporcionarles una mejor calidad de vida (Atención clínica), así, al atender a estas personas, también prevenimos los efectos de la enfermedad contra ellos mismos, sus familias o sus grupos de referencia.

Asimismo, la OMS menciona que las actividades de promoción de salud mental implican la creación de condiciones individuales, sociales y ambientales que permitan el óptimo desarrollo psicológico y psicofisiológico. Estas iniciativas involucran a individuos en el proceso de lograr una salud mental positiva, mejorar la calidad de vida. Siendo un proceso habilitador que se realiza con y para las personas. La prevención de los trastornos mentales puede ser considerada como uno de los objetivos y resultados de una estrategia más amplia de promoción de salud mental.

Entre las funciones de los profesionales de la salud está el sensibilizar a la población general, y a aquellos que deben de tomar decisiones sobre las necesidades y demandas de salud mental y las estrategias que se requieren para atenderlas; formular, gestionar, supervisar y evaluar la legislación, la política, los planes y los programas sobre salud mental; proponer y aplicar actuaciones nacionales en salud mental junto con otros sectores y organizaciones nacionales de usuarios y familias; facilitar la formación de los profesionales de salud, tanto los graduados como los no graduados; promover la salud mental, la evaluación e investigación, definir prioridades y facilitar la creación de centros de investigación; elaborar y poner en práctica estrategias para mejorar el desarrollo y la acreditación de los proveedores de la salud mental; mantener un sistema de información y vigilancia sobre salud mental de la población.

El identificar que el especialista de salud mental es participe de este proceso interventor, además del involucramiento con la comunidad, aún está pendiente si esto es suficiente para que la intervención y la disminución de problemas de salud mental reduzcan su incidencia. Debido a ello, falta considerar el compromiso por parte del otro integrante, el sujeto de la comunidad. 

Galende (1997, en Bang, Stolkiner y Corín, 2016) afirma que, en la actualidad resulta imprescindible la participación activa de la comunidad en prácticas y políticas de salud que afectan a los primeros niveles de atención, y específicamente en lo referente a prevención en salud mental. De esta manera, se busca que la comunidad sea como una coautora de los proyectos a implementarse, siendo visto como el agente facilitador para alcanzar los objetivos comunes.

Martínez (1989, en Ferrer et al., 2001) hace referencia a la participación de la comunidad e identifica los siguientes pasos, conciencia social del trabajo por realizar, participación en la ejecución de acciones relacionadas con determinados sectores, reconocimiento social de la labor realizada por la comunidad, supervisión de estas acciones y ejecución de otras de complejidad creciente, si existe realización correcta de las anteriores, control popular de recursos, medios y formas de prestación de servicios en la comunidad, participación en la toma de decisiones y la planificación

En una investigación realizada Encina (2015), cuyo objetivo fue una exploración de corte cualitativo de los dominios comunicacionales en torno a la salud mental y la participación comunitaria a través de entrevistas a organizaciones comunitarias de la comuna de Chile. Se encontró que es posible hallar vinculaciones directas con observaciones de los participantes con la relación con el bienestar y salud mental, además se constató que las emergencias de comunicaciones acercan la participación comunitaria con el bienestar de los miembros.

Un trabajo realizado por Bang, Stolkiner y Corín (2016) se planteó el describir y analizar una experiencia de promoción y educación para la salud integral llevada adelante por el Programa de Adultos y Adultos Mayores de un Centro de Salud y Acción Comunitaria, mediante la incorporación de actividades de arte, creatividad y juego en el trabajo grupal, logrando un proceso de creación artística colectiva con fuerte impacto subjetivo en sus integrantes. Esto permite concluir que la experiencia estudiada puede ser caracterizada como un dispositivo de promoción y educación integral de la salud, centrado en la interdisciplina y la articulación intersectorial como elementos clave de la organización de los cuidados, con la inclusión de la dimensión intercultural y la participación comunitaria como componente central de la construcción social de la salud.

En seguida, resulta relevante remarcar que la participación ciudadana, social o comunitaria no puede pensarse únicamente como la relación con el Estado y sus organismos, es necesario hacer un giro a la mirada de la participación como procesos que tienden a la autoreproducción permitirá posicionar en otro lugar a la comunidad, no como receptora de políticas ni intervenciones, sino como consultora experta, necesaria para cualquier elaboración que luego pueda impactar en el juicio de bienestar de las personas y que pueda reducir la posibilidad de generar exclusión por peligro (Mascareño, 2014, Encina 2015).

Entonces entra a tallar la importancia del apoyo de las políticas públicas, al comprender que Las intervenciones comunitarias en salud mental se desarrollan en un campo de interacciones complejas, intervienen diferentes actores y van desplegándose dinamismos intersubjetivos producto de las condiciones ambientales, espacios y estructuras económicas, sociales, políticas, y culturales (AMARES, 2006). Esto hace que las intervenciones en salud mental comunitaria nos sitúen frente a desafíos y demanden alternativas de acción.

Es así que la implementación de políticas, programas y servicios en salud mental pueden ser herramientas efectivas para evitar el deterioro y la discapacidad, incluso las muertes prematuras, ocasionadas por los trastornos mentales. Asimismo, pueden contribuir a reducir el estigma, la discriminación y el abandono que suelen enfrentar las personas con trastornos mentales, así como aumentar el capital social de las familias y las comunidades, y ayudar a reducir la pobreza y promover el desarrollo del país (OMS, 2004).

Además, es prescindible que se desarrollen procesos de capacitación a los actores locales y que se favorezca que éstos vayan adquiriendo mayor protagonismo durante la intervención pues, en la medida que las comunidades se apropien de las propuestas es cuando tendrán mayor sostenibilidad los procesos.

Finalmente, considerando que los problemas de salud mental presentados en la actualidad se desenvuelven y originan en un medio social, y siendo una primera forma de mermar ello con la atención primaria de la salud; viéndose importante la intervención de un personal de salud mental en la comunidad, además de tener en consideración que no depende exclusivamente del primero, si también del compromiso e interés por parte del segundo actor. Conociendo las respuestas de ciertas preguntas se podrá conocer el porqué de las pocas incidencias de atención en la salud mental, así como identificar qué aspectos variar para una mejor valoración de los servicios de salud mental.

 

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