equipu
investigación

 

Relación entre autoestima y conductas antisociales-delictivas en 30 alumnos del aula 79 del centro preuniversitario san marcos, ciclo 2016-I                                                      

Bastidas y Vidal

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

 

Resumen

Este estudio analizó la correlación entre las variables autoestima y conducta antisocial-delictiva en una población de 30 alumnos de entre 16 y 18 años del CENTRO PREUNIVERSITARIO San Marcos, con sede en la Facultad de Ingeniería Electrónica. La autoestima fue medida con el Inventario de Autoestima de Stanley Coopersmith,  versión Adultos, mientras que la conducta antisocial-delictiva fue medida por el Cuestionario de Conductas Antisociales-delictivas. Los resultados mostraron una correlación negativa, con una explicación del 49% de influencia que tiene la variabilidad de la autoestima frente a las conductas antisociales-delictivas.

Palabras clave: Autoestima, conducta antisocial-delictiva.

 

Abstract

This study analyzed the correlation between the variables self-criminal and antisocial behavior in a population of 30 students aged between 16 and 18 years of pre-university CENTER San Marcos, based in the Faculty of Electrical Engineering. Self-esteem was measured using the Self-Esteem Inventory Stanley Coopersmith, adult version, while the antisocial-criminal behavior was measured by the Antisocial Behavior Questionnaire-criminal. The results showed a negative correlation, with an explanation of 49% of influence of the variability of self-esteem against antisocial-criminal behavior.

Keywords: Self-esteem, antisocial-criminal conduct.

 

CAPÍTULO I: MARCO TEÓRICO

 

1.1 Autoestima

1.1.1 Antecedentes  del concepto

Abraham Maslow (1945), uno de los exponentes de la Psicología Humanista, plantea la Pirámide de las necesidades donde el nivel, específicamente el de Reconocimiento que incluye el respeto, la confianza, el autoconocimiento, se relacionaría con el adecuado desarrollo de la autoestima en la persona, sin dejar claro, de satisfacer las necesidades previas.

 

Por su parte, el psicólogo norteamericano Marshall Rosenberg (1973) entiende a la autoestima como un fenómeno actitudinal creado por fuerzas sociales y culturales. De esta manera, la autoestima se crea en un proceso de comparación que involucra valores y discrepancias. Entonces, el nivel de autoestima de las personas se relaciona con la percepción del sí mismo en comparación con los valores personales. Estos valores fundamentales han sido desarrollados a través del proceso de socialización. En la medida que la distancia entre el sí mismo ideal y el sí mismo real es pequeña, la autoestima es mayor, y cuanto mayor es la distancia, menor será la autoestima, aun cuando la persona sea vista positivamente por otros.

 

Según el psicoterapeuta canadiense Nathaniel Branden (1969), todas las personas son capaces de desarrollar la autoestima positiva, al tiempo que nadie presenta una autoestima totalmente sin desarrollar. Cuanto más flexible es la persona, tanto mejor resiste todo aquello que, de otra forma, la haría caer en la derrota o la desesperación.

 

Y de acuerdo a Branden, la autoestima tiene dos componentes: un sentimiento de competencia personal y un sentimiento de valor personal, que reflejan tanto su juicio implícito de su capacidad para sobrellevar los retos de la vida así como su creencia de que sus intereses, derechos y necesidades son importantes.

 

1.1.2 Definición de autoestima

El término autoestima es, sin duda, uno de los más ambiguos y discutidos en el ámbito de la psicología.  Por su parte, el escritor estadounidense Ken Wilber (1995), señala que la autoestima está vinculada con las características propias del individuo, el cual hace una valoración de sus atributos y configura una autoestima positiva o negativa, dependiendo de los niveles de consciencia que exprese sobre sí mismo. Indica que la autoestima es base para el desarrollo humano, y que el avance en el nivel de conciencia no sólo permite nuevas miradas del mundo y de sí mismos, sino que impulsa a realizar acciones creativas y transformadoras, impulso que para ser eficaz exige saber cómo enfrentar las amenazas que acechan, así como materializar las aspiraciones que nos motivan.

 

Por su parte, Mussen, Conger y Kagan (2000), afirman que la autoestima se define en término de juicios valorativos que los individuos hacen acerca de su persona y las actitudes que adoptan respecto a sí mismos. Así mismo, Coopersmith (1978), sostiene que la autoestima es la evaluación que el individuo hace y habitualmente mantiene con respecto a sí mismo. Esta autoestima se expresa a través de una actitud de aprobación o desaprobación que refleja el grado en el cual el individuo cree en sí mismo para ser capaz, productivo, importante y digno. Por tanto, la autoestima implica un juicio personal de la dignidad que es expresado en las actitudes que el individuo tiene hacia sí mismo. La autoestima resulta de una experiencia subjetiva que el individuo transmite a otros a través de reportes verbales y otras conductas expresadas en forma evidente que reflejan la extensión en la cual el individuo se cree valioso, significativo, exitoso y valioso, por lo cual implica un juicio personal de su valía.

 

Y Mussen, Conger y Kagan (2000), afirman que la autoestima se define en término de juicios valorativos que los individuos hacen acerca de su persona y las actitudes que adoptan respecto a sí mismos.

 

1.1.3 Dimensiones de la autoestima

Coopersmith (1996), señala que los individuos presentan diversas formas y niveles perceptivos, así como diferencias en cuanto al patrón de acercamiento y de respuesta a los estímulos ambientales. Por ello, la autoestima presenta áreas dimensionales que caracterizan su amplitud y radio de acción. Entre ellas incluye las siguientes:

1. Autoestima Personal: consiste en la evaluación que el individuo hace habitualmente mantiene con respecto a sí mismo en relación con su imagen corporal y cualidades personales, considerando su capacidad, productividad, importancia y dignidad e implicando un juicio personal al expresado en actitudes hacia sí mismo.

2. Autoestima en el área académica: consiste en la evaluación que el individuo hace y habitualmente mantiene con respecto a sí mismo en relación con su desempeño en el ámbito escolar, considerando su capacidad, productividad, importancia y dignidad, implicando un juicio personal expresado en actitudes hacia sí mismo.

3. Autoestima en el área familiar: consiste en la evaluación que el individuo hace y habitualmente mantiene con respecto a sí mismo en relación con sus interacciones en los miembros del grupo familiar, su capacidad, productividad, importancia y dignidad, implicando un juicio personal expresado en actitudes hacia sí mismo.

4. Autoestima en el área social: consiste en la evaluación que el individuo hace y habitualmente mantiene con respecto a sí mismo en relación con sus interacciones sociales, considerando su capacidad, productividad, importancia y dignidad, implicando un juicio personal expresado en actitudes hacia sí mismo.

 

Por su parte, McKay y Fanning (1999), señalan que en la autoestima existe una valoración global acerca de sí mismo y del comportamiento de su yo. Hay dimensiones de la misma:

1. Dimensión Física: Se refiere a sentirse atractivo.

2. Dimensión Social: Sentimiento de sentirse aceptado y de pertenecer a un grupo, ya sea empresarial, de servicio, entre otros.

3. Dimensión Afectiva: Auto-percepción de diferentes características de la personalidad.

4. Dimensión Académica: Enfrentar con éxito los estudios, carreras y la autovaloración de las capacidades intelectuales, inteligente, creativa, constante.

5. Dimensión Ética: Se refiere a la autorrealización de los valores y normas.

 

1.1.4 Importancia de una autoestima positiva

Nathaniel Branden propone en La psicología de la autoestima (2001) que el modo en que las personas se experimentan a sí mismas influye sobre cada momento de su existencia. Su autoevaluación es el contexto básico sobre el que actúan y reaccionan, dentro del que eligen sus valores; y sus reacciones ante los acontecimientos están conformadas, en parte, por quiénes son y quiénes creen que son, o por el grado de competencia y dignidad que creen poseer.

 

Entonces, decir que la autoestima es una necesidad humana básica supone decir que contribuye de un modo esencial al proceso vital; que es indispensable para un desarrollo normal y sano; que tiene valor de supervivencia. Sin una autoestima positiva, el crecimiento psicológico se encalla; por lo que una autoestima positiva funciona, en la práctica, como un sistema inmunológico de la conciencia, ofreciendo una mayor resistencia, fuerza y capacidad regeneradora.

 

Cuando el grado de autoestima es bajo, disminuye la resistencia frente a las adversidades de la vida. Los pacientes se hunden frente a las vicisitudes que lograrían disipar si tuvieran sentimientos más sanos acerca de sí mismos. Y tienden a sentirse más influidos por el deseo de evitar el dolor que el de experimentar la alegría; lo negativo tiene más poder sobre ellos que lo positivo (Branden, 1984).

 

1.1.6   Los 6 pilares fundamentales para aumentar tu autoestima

Nathaniel Branden (2001), en su libro La psicología de la autoestima plantea una serie de propuestas para mejorar la autoestima. Este autor menciona que el cambio para lograr una buena autoestima reside en uno mismo y no en las circunstancias externas, ni amigos, ni la gente cercana, ni la familia hacen que la autoestima mejore si uno no decide cambiar. Por lo que  estos seis pilares son:

  • La práctica de vivir conscientemente.

El cual se refiere a que las personas deben ser conscientes de su existencia y de las consecuencias e influencias de sus actos en ellos mismos y en los demás. Ello, también implica a la concordancia entre los pensamientos y acciones; y el vivir de acuerdo a valores, creencias y metas personales.

  • La práctica de aceptarse a uno mismo.

Lo cual implica la aceptación personal, reconocer emociones y experiencias vividas como también reconocer fortalezas y debilidades, tratando de trabajas en los últimos.

  • La práctica de aceptar las responsabilidades.

Este pilar se refiere a que las personas deben asumir la responsabilidad de su felicidad, elecciones, decisiones, relaciones, valores, tiempo y entre otros aspectos más. Pero, sobre todo se debe aprender a afrontar las consecuencias de cualquier decisión.

  • La práctica de afirmarse a uno mismo.

Se refiere a la autoafirmación, el respetar los propios derechos y necesidades.

  • La práctica de vivir con un propósito.

Lo cual se refiere a la existencia con un propósito y no vivir a la deriva..

  • La práctica de la integridad.

Ello implica la integración d de ideales, creencias, convicciones. Esto quiere decir ser la misma persona cuando se está solo y cuando se está en grupo.

 

1.2 Conductas antisociales - delictivas

1.2.1 Conductas antisociales

1.2.1.1 Antecedentes históricos

Para llegar al estudio de las conductas antisociales, las investigaciones se remontan a fines del siglo XIX en la aparición del Primer experimento de Psicología Social (1897) : Norman Triplett examinó los registros oficiales de las carreras de bicicletas y observó que la velocidad máxima de los ciclistas era aproximadamente 20 por ciento mayor cuando competían con otros que cuando corrían solos.

 

A mediados del siglo XX; Las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial estimulan estudios importantes sobre la conformidad (Asch, 1956) y la obediencia (Milgram, 1965); en 1957 La aparición de la teoría de la disonancia cognitiva. Leon Festinger comenzó preguntándose cómo se evalúan las personas, incluyendo actitudes, empeños y conducta. Afirmó luego que las personas luchan por ser congruentes en sus cogniciones y sus acciones.

 

En la década 1980: Nuevo interés de la investigación en la cognición social (cómo procesamos y percibimos la información). Nuevos adelantos en la metodología: metaanálisis, psicofisiología, estudios de diarios).

 

Y a fines del siglo XX se dio mayor interés de la influencia de la cultura en el comportamiento. Nuevos objetivos de investigación en los temas sociales del momento (Prevención del VIH/SIDA, relaciones entre grupos étnicos, identidad sexual, pena de muerte) como, J.T. Cacioppo y sus colaboradores utilizan refinadas técnicas de registro neuronal para medir actitudes.

 

1.2.1.2 Definición conceptual de conducta antisocial

Según Dishion, Patterson y Griesles (1994); Dodge, Coie y Brakke(1982) , la conducta antisocial se refiere a la inadecuada relación con pares, surgida en términos de aislamiento, conflictos frecuentes o asociación con grupos de pares desajustados, también está asociada con la conducta antisocial. También, según estos autores la retroalimentación de la competencia o incompetencia social es un factor importante para el desarrollo y mantenimiento de dicha conducta.

 

Por su parte, Diagnostic and statistical manual of mental disorders (DSM-IV-TR. 2000) afirma que el comportamiento antisocial puede definirse como un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás, que comienza en la infancia o el principio de la adolescencia y continúa en la edad adulta.

 

1.2.1.3 Definición conceptual de conductas delictivas

Según, Miller (1975) & Moore (1978) el significado de conducta delictiva se solapa, en primer lugar, con el de marginalidad; ya que la problemática social de las minorías étnicas es muy evidente; en segundo lugar, con el de conductas ilegales como la violencia, el vandalismo, el tráfico y uso de drogas. Siguiendo la misma línea, Kazdin y Buela-Casal (1996) plantea que la conducta delictiva se define como la designación legal, basada generalmente en el contacto con las leyes de justicia del país en que se encuentra el niño adolescente.

 

1.2.3 Teorías de la conducta antisocial-delictivo

Una aproximación biológica a la comprensión del comportamiento antisocial y delictivo

La investigación biopsicológicaadvierte la relación entre la conducta antisocial y algunos factores con eminente carga biológica: los instintos de supervivencia; los procesos bioquímicos como la testosterona, la adrenalina, la noradrenalina, la serotonina; las disfunciones electroencefalográficas; las alteraciones cromosómicas, el Trastorno de Atención con Hiperactividad, alta irnpulsividad y la influencia genética(Andrés-Pueyo y Redondo, 2007). A tenor de las limitaciones de este enfoque cobra importancia la influencia del aprendizaje social sobre la conducta y los propios procesos bioquímicos. En este sentido, Redondo (2008) postula que todo cambio terapéutico tendría que hacerse desde los elementos más moldeables del sujeto, tales como sus comportamientos y hábitos, para afectar después a sus sistemas cognitivos-emocionales y, más específicamente, a aquellos factores de riesgo de raíz más biológica (la impulsividad). Seguidamente, se expondrá más detenidamente el planteamiento etiológico de cada una de las perspectivas biológicas.

 

  • Teorías Basadas en la Biofisiología

Mientras la perspectiva biotipológica estudia la conducta delictiva con base en ciertas características físicas (Kretschmer, 1948; Lombroso,1878; Sheldon, 1949), la teoría bioquímica la explica en razón a los procesos bioquímicos inherentes al individuo (Mackal, 1983). Adicionalmente, se postula que el hipotálamo (centro nervioso regulador de conductas básicas de supervivencia, como la conducta antisocial) y la glándula pituitaria (productora de hormonas como la testosterona) desempeñan una función relevante en el control y producción del comportamiento antisocial.

 

De acuerdo con la sociobiología, la conducta delictiva es producto de la combinación entre el código genético y cerebral y el ambiente; por lo que, no es innata sino que requiere de un aprendizaje (Jeffery,1978). Así, los investigadores tratan de verificar la influencia de sustancias bioquímicas, como las vitaminas, los minerales, la glucosa y de ciertos contaminantes ambientales como el mercurio o el plomo, sobre la conducta antisocial y delictiva. Por último, cabe destacar la propuesta de Jeffery (1978) dirigida a la búsqueda de un equilibrio bioquímico cerebral mediante una dieta adecuada, la estimulación o psicofármacos; a la creación de un ambiente físico que favorezca y potencie la interacción social, y a la presentación de alternativas más gratificantes que las derivadas de la conducta antisocial, así como el refuerzo positivo de las conductas prosociales.

 

En concreto, el control nervioso de la atención, de la excitabilidad y de la reactividad, así como de los procesos de activación, cambio y refuerzo, afectan directa e indirectamente sobre el inicio y el control de la conducta antisocial. En consecuencia, se estima que la conducta antisocial se encuentra motivada tanto por factores internos como externos al organismo (Caprara, 1981).

 

Hablando ya de trastornos, tampoco se puede obviar que algunos de ellos –como el disocial- tienen una base social o sociológica que derivan en una adaptación biológica a las carencias y a las demandas (Arce y Fariña, 2007).En este sentido, algunos estudios muestran que los menores que padecen problemas de conducta y un trastorno por déficit de atención, en comparación con los que sólo manifiestan problemas de conducta, tienden a presentar comportamientos antisociales más tempranamente y de forma estable (Loeber, Creen, Keenan y Lahey, 1995).

 

Una aproximación psicológica a la comprensión del comportamiento antisocial y delictivo

Si el enfoque biológico se centraba en factores orgánicos, el psicológico se ocupa principalmente de los procesos que orientan la conducta, interviniendo sobre la interpretación de los estímulos recibidos y la toma de decisiones. Este enfoque se ha destacado por el estudio de factores como la personalidad, el razonamiento cognitivo, los mecanismos sociocognitivos y la competencia emocional, entre otros.

 

  • Teorías basadas en la personalidad

La teoría de la personalidad de Eysenck (1970, 1976, 1978). Plantea que la conducta delictiva es producto de la influencia de las variables ambientales sobre los individuos con determinadas predisposiciones genéticas. Esto es, la conducta delictiva se explica por medio de procesos psicofisiológicos, como la emotividad, la excitación y el condicionamiento, que originan un determinado tipo de personalidad, el cual incide en la tendencia conductual del individuo ante determinadas situaciones (Garrido, 2005).

                       

Esta teoría postula tres dimensiones temperamentales de la personalidad: a) extroversión-introversión, b) neuroticismo-estabilidad emocional y c) psicoticismo (Redondo y Andrés-Pueyo, 2007). Estas dimensiones son continuas y varían entre los individuos, predominando, en la mayoría de las personas, las puntuaciones intermedias entre los extremos. Estos rasgos de personalidad son generalizables, es decir, las personas que actúan de forma extrovertida o introvertida en una situación determinada tienden a comportarse de esa forma en otros contextos. En este caso, la extroversión aparece como una dimensión de lapersonalidad relacionada con una serie de rasgos diferentes, como la sociabilidad, la impulsividad, la actividad, la vivacidad y la excitabilidad; mientras que la introversión se encuentra asociada a rasgos como la timidez y la tranquilidad. Por tanto, la dimensión extroversión, en contraposición con la introversión, refleja el grado en que una persona es sociable y participativa al relacionarse con otros sujetos. Por otra parte, el neuroticismo está vinculado a rasgos como baja tolerancia a la frustración y alta hipersensibilidad, ansiedad e inquietud.

 

A este respecto,Eysenck y Ranchman (1965) observaron que en un polo se sitúan las personas cuyas emociones son inestables, intensas y que se exaltan con facilidad, mostrándose, además, malhumoradas, susceptibles, ansiosas e intranquilas (neuroticismo); en el otro extremo están los sujetos cuyas emociones son estables, excitables con menos facilidad, calmadas, ecuánimes, despreocupadas y confiadas (estabilidad). Concretamente, la dimensión neuroticismo-estabilidad emocional se refiere a la adaptación del individuo al ambiente y a la estabilidad de su conducta a través del tiempo (Engler, 1996).Apoyándose en la hipótesis de alta y baja emotividad, Eysenck (1978)amplia su teoría, proponiendo la variable psicoticismo como una dimensión más de la personalidad. ASÍ,este autor describe a las personas con alto psicoticismo como solitarias, problemáticas, inhumanas, crueles, carentes de sentimientos, buscadoras de sensaciones y hostiles. En algunos casos, esta dimensión se caracteriza por la pérdida o la distorsión de la realidad, y la incapacidad para distinguir entre los acontecimientos reales y la fantasía. Ello sugiere que la persona alta en psicoticismo puede tener perturbaciones en el pensamiento, en las emociones y en la conducta motora, así como alucinaciones o delirios.

 

De esta forma, el factor psicoticismo incluye también algún grado de psicopatía; es decir, trastornos caracterizados por la conducta antisocial e impulsiva, el egocentrismo y la ausencia de culpa (Eysenck, 1978).Sin embargo, se ha de considerar que tanto el neuroticismo alto como el psicoticismo no indican necesariamente que la persona sea neurótica o psicótica, sino que simplemente esos sujetos poseen unas cualidades que les condicionan a actuar de una determinada manera ante el entorno.

 

A las variables de personalidad, Eysenck (1970, 1981) añade el condicionamiento y el proceso de socialización como factores mediadores en la adquisición de la conducta antisocial o delictiva. En concreto, considera que la adquisición del comportamiento social se realiza mediante un proceso de condicionamiento, cuyo resultado deriva de la condicionabilidad del individuo, que depende, en gran parte,del código genético del sujeto, de la capacidad de condicionamiento y del modelo de éste (García-Pablos, 2003).

 

Por otro lado, “El rasgo búsqueda de sensaciones” de Zuckerman ; también está vinculado con el comportamiento antisocial. En este sentido, las dimensiones de Eysenck (1976) y el rasgo búsqueda de sensaciones de Zuckerman (1969, 1974) parten del mismo constructo psicológico «el nivel óptimo de estimulación», lo que sugiere que la búsqueda de sensaciones y la dimensión extroversión tienen mecanismos de manifestación conductual y sustratos biológicos similares (Aluja, 1991). Esta deducción se fundamenta en que uno de los componentes de la extraversión, concretamente la impulsividad, puede dividirse en rapidez de actuación ante un impulso y aventurismo o búsqueda de sensaciones (Garrido, 2005). Una interpretación plausible a esta interacción se basa en que una baja activación cortical estimula la búsqueda de nuevas emociones, instigando al sujeto a la realización de conductas de riesgo, como la conducta antisocial y la delictiva (Garrido, Stangeland y Redondo 1999).

 

  •  Teorías basadas en el razonamiento cognitivo y emocional

Según La teoría cognitivo-conductual el modo cómo una persona piensa, percibe, analiza y valora la realidad influye en su ajuste emocional y conductual (Garrido, 2005); así, la literatura relaciona el comportamiento antisocial con estructuras cognitivas distorsionadas o prodelictivas (Herrero, 2005;Langton, 2007),en tanto que éstas precipitan, alimentan, amparan o excusan las actividades delictivas (Redondo, 2008). Estas distorsiones pueden hacer que cada sujeto, para justificar su comportamiento antisocial, describa el delito desde su propia perspectiva, llegando incluso éstas, en casos como el delincuente sexual, a funcionar como «teorías implícitas», explicativas y predictivas del comportamiento, hábitos y deseos de las víctimas (Ward, 2000). Estos pensamientos, en ocasiones, aparecen de forma automática, siendo resultado de los aprendizajes acumulados a lo largo de la vida (Beck,2000;White, 2000).

 

La teoría sociomoral de Gibbs (2003) entiende que el comportamiento antisocial se asocia a un desarrollo sociomoral retrasado que aparece acompañado de un pensamiento egocéntrico. Más aún, asume que existe una vinculación entre mayor distorsiones de carácter antisocial y estadios inmaduros de razonamiento moral (Redondo, 2008). Para Lunness (2000), un pensamiento inmaduro se suele caracterizar por ser egocéntrico, externamente controlado, concreto, instrumental, impulsivo y relativo a corto plazo; mientras que uno maduro tiende a ser sociocéntrico, internamente controlado, empático y prosocial. Tambien desarrolla habilidades que capacitan al individuo para asumir activamente las normas y leyes sociales que posibilitan la adaptación al medio y, en último término, responsabilizarse del daño causado.

 

Para Vygotsky (1979), las concepciones sociomorales dependen de la interpretación del sujeto que, a su vez, está influido por los valores y la cultura de su sociedad. Según los autores de La teoría de la elección racional (Clarke y Cornish, 1985; Wilson y Herrnstein, 1985), el comportamiento antisocial tiene que ver con una elección individual razonada. La probabilidad de que un individuo tome la decisión de cometer una conducta delictiva está en función de su valoración favorable de costes y beneficios y de las circunstancias que rodean la toma de decisiones. Esta valoración se guía por el principio de hedonismo que busca el placer y evitar el dolor o las consecuencias desagradables, y por el de utilitarismo que busca el beneficio a corto plazo. Ahora bien, cabe señalar que los individuos que deciden delinquir no siempre realizan una estimación objetiva de las alternativas, ya que, en ocasiones, pueden sobrevalorar una opción o bien no considerar otras más saludables.

 

Si bien de la lectura de las teorías mentadas puede concluirse, precipitadamente, que un déficit cognitivo y una mala gestión de las emociones origina el comportamiento antisocial; sin embargo, esta relación no siempre es directa, por lo que en su lugar sostenemos que el desajuste cognitivo y emocional es un indicador de riesgo frente a las influencias criminógenas del entorno.

 

Una aproximación social y sociológica a la comprensión del comportamiento antisocial y delictivo

Los modelos explicativos de base en el entorno social y la sociología indican que la comprensión de la génesis y evolución del fenómeno delictivo deriva del estudio de los factores ambientales y sociales. Así, procesos como la vinculación e identificación con los grupos primarios (padres, hermanos, abuelos y amigos) y secundarios (medios de comunicación), la persistencia de oportunidades, el etiquetamiento, la desorganización social y la asunción de normas subculturales, entre otros, centran el interés de las teorías que exponemos a continuación.

 

  • Teorías basadas en el aprendizaje social

Una de las teorías explicativas más complejas del comportamiento antisocial es la teoría del aprendizaje, siendo el modelo de Bandura (1987) uno de los más conocidos. En esta perspectiva teórica la observación del comportamiento de otras personas es una fuente de estimulación, antecedente y consecuente de múltiples aprendizajes. Para Akers (2006), el modelado es uno de los mecanismos fundamentales en el aprendizaje de la conducta, en general, y de los hábitos delictivos, en particular. En este caso, los individuos con este tipo de hábitos más consolidados se convierten en modelos delictivos para otros más inexpertos o aprendices. Se entiende, pues, que el comportamiento, los hábitos y las explicaciones de los primeros muestran a los segundos, patrones de comportamiento antisocial que, en último término, sirven para iniciar, mantener o consolidar el aprendizaje delictivo. Al igual que Bandura (1973), Feldman (1989) considera que el individuo puede aprender tanto a delinquir como a no hacerlo.

 

  • Teorías basadas en la ruptura de vínculos sociales con los grupos y las normas convencionales

Desde que en 1947Sutherland formulara la teoría del asociacionismo diferencial han sido varios los investigadores que se han interesado por el efecto de la vinculación con grupos anticonvencionales sobre la conducta, en general, y la delictiva, en particular (Elliot y Merril, 1941;Sykes y Matza, 1957). En un trabajo de campo reciente (Fariña, Arce y Novo, 2008), hallamos que los menores de riesgo de desviación social muestran signos de una socialización diferencial disfuncional no sólo en el nivel social (aislamiento social y escasa interacción social) y familiar (escasa integración-apego familiar), sino también en variables propias de la comunidad (barrio-vecindario). Estos resultados constatan la tesis del asociacionismo diferencial, en tanto que se ha verificado que un contexto de riesgo de desviación social facilita la emisión de comportamientos antisociales. Pues bien, esta teoría asume que la ruptura o debilitación de vínculos con personas socialmente competentes potencia la afiliación a grupos desviados, en los cuales se aprenden y refuerzan los comportamientos antisociales.

 

La teoría del arraigo social de Hirschi (1969) postula que la inclusión del sujeto en las redes de contacto y apoyo social favorece la resistencia a las conductas de riesgo como las antisociales y delictivas. Por el contrario, la falta de vinculación: apego o lazos afectivos, participación o amplitud de la implicación en actividades sociales positivas, compromiso o grado de asunción de compromisos sociales y las creencias o conjunto de convicciones favorables a los valores establecidos con los padres, la familia y los amigos, así como con las normas convencionales aumenta la vulnerabilidad del sujeto para realizar una conducta antisocial.

 

Otra definición del comportamiento antisocial como estrategia de adaptación normal a las disfunciones de la estructura social se halla en los trabajos de Merton (1980),que explican el comportamiento antisocial en torno a la discrepancia que existe entre las necesidades creadas por la sociedad y los medios con los que cuenta el individuo para alcanzarlas. Siguiendo esta misma dirección, las teorías subculturales conciben que la discrepancia entre los medios y los fines perseguidos puede conducir no sólo a la disconformidad con las normas convencionales, sino también a la adherencia a grupos no convencionales y, en último término, a la aparición de conductas antisociales. Así, Cohen (1955) presume que la unión a grupos que presentan problemas de ajuste social se debe a que el individuo encuentra en ellos la aceptación o reconocimiento social que no llegó a percibir del grupo de referencia.

 

Si las teorías expuestas informaban del riesgo de desajuste en menores que presentan una escasa o nula vinculación con los grupos y las normas convencionales. La del etiquetado advierte que el riesgo de reincidencia sobre delincuentes no primarios aumenta cuando están expuestos a relaciones sociales que estigmatizan, segregan y excluyen (Braithwaite, 1996, 2000), en el sentido de que las personas excluidas ven limitado el logro de su propio autorespeto y su afiliación en el mundo prosocial, de manera que sus oportunidades preferentes serían la vinculación a grupos culturales marginales.

 

1.2.4    Factores de riego

Los factores que predisponen a los niños y a los adolescentes a las alteraciones de la conducta se han estudiado extensamente en Robins y Rutter (1990) Patterson et al. (1992), Werner y Smith (1992).

 

Resumiendo, los niños que tienen un mayor riesgo de desarrollar un trastorno de conducta son aquellos que presentan:

•          Temperamento difícil (menor capacidad de adaptación)

•          Signos tempranos de comportamiento agresivo.

•          Dificultades escolares (resultados académicos e intelectuales)

•          Historia familiar de comportamiento antisocial (padres o abuelos)

•          Comportamiento criminal o alcoholismo de alguno de los padres (especialmente del padre).

•          Padres inconsecuentes: prácticas disciplinarias (castigo corporal), supervisión escasa, familias grandes.

•          Ser el hermano del medio de una familia.

Hay otros factores no tan bien estudiados pero que han demostrado un aumento del riesgo:

•          Retraso mental de alguno de los padres

•          Complicaciones peri-natales (Bajo peso al nacer, complicaciones obstétricas)

•          Boda temprana de los padres.

•          Falta de interés paterno por el rendimiento escolar.

•          Exposición a una televisión violenta y agresiva.

 

Se tiene  que tener en cuenta que los factores de riesgo suelen presentarse combinados, co-ocurrir, lo que complica la interpretación de los datos. Así, en un momento determinado, pueden presentarse varios factores, también verse influencia por la edad, el sexo, etc. Esto complica la identificación de la contribución específica de cada factor sobre el pronóstico.

 

 

1.2.5    Factores de protección

Los factores de protección se refiere aquellas influencias que pueden atenuar o suprimir la influencia de los factores de riesgo conocidos y de alguna manera aumentar la resistencia. Estos factores se estudian identificando a individuos que se sabe que presentan factores de riesgo y haciendo subgrupos con los que más tarde presentan alteraciones de la conducta y con los que no. Según Werner y Smith (1992) los individuos de riesgo que no presentan conductas delictivas en la adolescencia con mayor frecuencia presentan son los primogénitos, muestran mayor capacidad de auto-control, mayor auto-estima tenían otros cuidadores en la familia a parte de los padres. A pesar de lo cual no está claro de qué forma actúan estos factores. Hay que estudiar más este aspecto porque supone una vía para prevenir las alteraciones de la conducta.

 

 

CAPÍTULO II: PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

 

2.1 Formulación del problema

La presente investigación va guiada en torno a la solución de la pregunta: ¿Cuál es la relación que existe entre la Autoestima y las Conductas Antisociales- ¿Delictivas en los alumnos del CENTRO PREUNIVERSITARIO San Marcos, Ciclo 2016-I?

 

2.2 Datos del problema

2.2.1 Objetivo

El interés del presente estudio se centró en el análisis de la posible relación entre la autoestima y las conductas antisociales-delictivas de los alumnos del CENTRO PREUNIVERSITARIO San Marcos, Ciclo 2016-I.

 

2.2.2 Hipótesis

Se postula que, a mayor nivel de autoestima, menor será el grado de conducta antisocial-delictiva y viceversa.

 

2.2.3 Población

La población utilizada en el presente estudio estuvo conformada por 30 alumnos de entre 16 y 18 años pertenecientes al aula 79 del CENTRO PREUNIVERSITARIO San Marcos, con sede en la Facultad de Ingeniería Electrónica que asistieron a la clase de Álgebra del profesor Frank en el horario de 11:00 am a 1:00 pm.

 

2.2.4 Variables

  • Variable independiente: Autoestima
  • Variable dependiente: Conducta antisocial-delictiva

 

 

CAPITULO III: METODOLOGÍA DE INVESTIGACIÓN

 

3.1 Diseño de investigación

Para el diseño de este trabajo se realizó un estudio descriptivo-cuantitativo de las variables empleadas en la investigación. Para hallar el grado de correlación de ambas variables se requirió el uso del programa SPSS 15.

 

3.2. Instrumentos

  • Escala de autoestima versión adultos

Ficha Técnica

Nombre original: Self Esteem Inventory (SEI)

Nombre adaptado a países de habla hispana: Inventario de Autoestima,  versión Adultos.

Autor: Stanley Coopersmith

Año: 1967

País de origen: Estados Unidos

Adaptación: Adaptado a Perú por Alegre, M. (2001)

 Administración: Individual y colectiva.

Duración: Aproximadamente 15 minutos.

Niveles de aplicación: De 16 años de edad en adelante.

Validez: 0.78

Confiabilidad: 0.88

Finalidad: Medir las actitudes valorativas hacia el SI MISMO, en las áreas:

Personal, Familiar y Social de la experiencia de un sujeto.

Número de ítems: 25

 

Estos ítems del inventario generan un puntaje total, así como puntajes separados en Tres áreas:

I.SI MISMO GENERAL: El cual refieren a las actitudes que presenta el sujeto frente a su autopercepción y propia experiencia valorativa sobre sus características físicas y psicológicas.

II.SOCIAL: Se encuentra construido por ítems que se refiere a las actitudes del sujeto en el medio social frente a sus compañeros o amigos. Así como sus referentes a lavivencias en el interior de instituciones educativas oformativas y las expectativas en relación a su satisfacción de su rendimiento académico o profesional.

III.FAMILIAR: Expone ítems en los que se hace referencia a las actitudes y/o experiencias en el medio familiar con relación a la convivencia.

Los ítems se deben responder de acuerdo a si el sujeto se identifica o no con cada afirmación en términos de verdadero o falso.

 

PUNTAJE Y CALIFICACION.

El puntaje máximo es de 100 puntos. Cada respuesta vale un punto, así mismo un puntaje total de autoestima que resulta dela suma de los totales de las sub-escalas multiplicadas por 4(cuatro)

 

SUB-ESCALAS:

I.SI MISMO GENERAL: (13 ÍTEMS) 1,3,4,7,10,12,13,15,18,19,23,24,25.

II.SOCIAL: (6 ÍTEMS) 2,5,8,14,17,21.

III.FAMILIAR: (6 ÍTEMS) 6,9,11,16,20,22

 

Los intervalos para cada categoría de autoestima son:

 De 0 a 24 Nivel de Autoestima Bajo

25 a 49 Nivel de Autoestima Medio bajo

50 a 74 Nivel de Autoestima Medio alto

75 a 100 Nivel de autoestima Alto

 

 

  • Cuestionario A-D, conductas antisociales-delictivas

Nombre: Cuestionario A-D, conductas antisociales-delictivas
Autores: Nicolás Seisdedos cubero
Procedencia: Departamento de I+D de TEA Ediciones, S.A. Madrid (1,988)
Significación: Evaluación de dos aspectos, antisocial y delictivo, de la conducta desviada.
Aplicación: Individual y colectiva.
Duración: Variable, 10-15 minutos aproximadamente.
Edad: niños y adolescentes
Ámbitos de aplicación: Clínica / Escolar
Baremación: baremos para cada sexo en percentiles y puntuaciones típicas.
Materiales de aplicación:
• Manual de aplicación
• Ejemplas de prueba

 

 

CAPÍTULO IV: RESULTADOS

 

TABLA Nº 1: Resultados de la Escala de Autoestima Adultos

Individuos

Nivel autoestima

Individuos

Nivel autoestima

Sujeto 1

80.00

Sujeto 16

68.00

Sujeto 2

61.00

Sujeto 17

60.00

Sujeto 3

61.00

Sujeto 18

70.00

Sujeto 4

36.00

Sujeto 19

43.00

Sujeto 5

60.00

Sujeto 20

44.00

Sujeto 6

70.00

Sujeto 21

68.00

Sujeto 7

40.00

Sujeto 22

68.00

Sujeto 8

54.00

Sujeto 23

56.00

Sujeto  9

65.00

Sujeto 24

60.00

Sujeto 10

82.00

Sujeto 25

74.00

Sujeto 11

35.00

Sujeto 26

60.00

Sujeto 12

76.00

Sujeto 27

65.00

Sujeto 13

80.00

Sujeto 28

86.00

Sujeto 14

72.00

Sujeto 29

60.00

Sujeto 15

69.00

Sujeto 30

80.00

Fuente: Elaborado por Flor Bastidas y Carla Vidal, estudiantes de la Facultad de Psicología de la UNMSM. 04.07.15

 

TABLA Nº 2: Resultados de la Escala de Conductas antisociales-delictivas

Individuos

Nivel de conductas antisociales delictivas

Individuos

Nivel de conductas antisociales delictivas

Sujeto 1

17.00

Sujeto 16

35.00

Sujeto 2

37.00

Sujeto 17

39.00

Sujeto 3

39.00

Sujeto 18

28.00

Sujeto 4

50.00

Sujeto 19

73.00

Sujeto 5

37.00

Sujeto 20

71.00

Sujeto 6

18.00

Sujeto 21

17.00

Sujeto 7

17.00

Sujeto 22

17.00

Sujeto 8

60.00

Sujeto 23

35.00

Sujeto  9

38.00

Sujeto 24

29.00

Sujeto 10

25.00

Sujeto 25

29.00

Sujeto 11

70.00

Sujeto 26

60.00

Sujeto 12

30.00

Sujeto 27

65.00

Sujeto 13

17.00

Sujeto 28

86.00

Sujeto 14

20.00

Sujeto 29

60.00

Sujeto 15

37.00

Sujeto 30

80.00

Fuente: Elaborado por Flor Bastidas y Carla Vidal, estudiantes de la Facultad de Psicología de la UNMSM. 04.07.15

 

TABLA Nº 3: Correlación de los datos obtenidos

Individuos

Nivel autoestima

Nivel de conductas antisociales delictivas

Sujeto 1

80.00

17.00

Sujeto 2

61.00

37.00

Sujeto 3

61.00

39.00

Sujeto 4

36.00

50.00

Sujeto 5

60.00

37.00

Sujeto 6

70.00

18.00

Sujeto 7

40.00

17.00

Sujeto 8

54.00

60.00

Sujeto 9

65.00

38.00

Sujeto 10

82.00

25.00

Sujeto 11

35.00

70.00

Sujeto 12

76.00

30.00

Sujeto 13

80.00

17.00

Sujeto 14

72.00

20.00

Sujeto 15

69.00

37.00

Sujeto16

68.00

35.00

Sujeto17

60.00

39.00

Sujeto 18

70.00

28.00

Sujeto 19

43.00

73.00

Sujeto20

44.00

71.00

Sujeto21

68.00

17.00

Sujeto 22

68.00

17.00

Sujeto 23

56.00

35.00

Sujeto 24

60.00

29.00

Sujeto 25

74.00

29.00

Sujeto 26

60.00

29.00

Sujeto 27

65.00

30.00

Sujeto 28

86.00

29.00

Sujeto 29

60.00

30.00

Sujeto 30

80.00

10.00

       

Fuente: Elaborado por Flor Bastidas y Carla Vidal, estudiantes de la Facultad de Psicología de la UNMSM. 04.07.15

 

ECUACIÓN DE REGRESION:  y = 88.25 – 0.86X

INTEPRETACION DE LOS PARÁMETROS

Constante:

 a=88.25     Si hay ausencia y/o poca presencia de autoestima, la conducta      

                           antisocial-delictiva puntuará 88.25

 

 b= -0.86     Por cada punto de incremento en la escala de autoestima, la puntuación                             en la escala de conducta antisocial-delictiva quedará disminuida en 0.86 puntos.

 

TABLA Nº 4: Resumen del modelo

Modelo

Coeficiente de correlación de Pearson (r)

Coeficiente de determinación (

Error típ. de la estimación

1

-0.703

0.494

11.98329

 

 

 

 

 

Fuente: Tabla obtenida del SPSS 15

 

ERROR ESTANDAR DE ESTIMACION: Se= 11.98329

Interpretación: Los puntos se encuentran alrededor de la recta a una distancia promedio de 11.98 puntos.

COEFICIENTE DE DETERMINACION:  r2=0.494

Interpretación: La variación en la escala de conducta antisocial-delictiva queda explicada en un 49% por la variación de la escala de autoestima, y el 51% restante no explicado, serían factores externos que también intervienen en la aparición de conductas antisociales-delictivas, como por ejemplo el nivel socioeconómico, los estilos de crianza, etc.

COEFICIENTE DE CORRELACION DE PEARSON :  r = -0.703

Interpretación: Las variables autoestima y conducta antisocial-conductual tienen una correlación alta y negativa.

 

 

CAPÍTULO V: CONCLUSIONES

Del análisis de los resultados se puede concluir que sí existe una correlación entre las variables autoestima y conducta antisocial-delictiva.

Según el modelo matemático predictible usado en la investigación, una persona con autoestima elevada tendrá pocas probabilidades de presentar rasgos de conductas antisociales-delictivas; sin embargo, no se debe dejar de tomar en cuenta que existen múltiples factores que pueden contribuir a la aparición de estas conductas, y que estos resultados no son determinantes, ya que una persona con baja autoestima no necesariamente va a desarrollar una conducta antisocial delictiva.

Cabe resaltar que para próximas investigaciones se debería tomar en cuenta la variable nivel socioeconómico ya que diversas investigaciones muestran que las personas de nivel socioeconómico bajo son más vulnerables a respuestas delictivas y a sufrir de inestabilidad emocional, que son unas de las variables que pueden afectar el estudio.

 

 

REFERENCIAS

Branden, N. (2001). La psicología de la autoestima. España, Barcelona. Espasa Libros, S.L.U.

 

González., C. (2003), Factores de riesgo de la conducta delictiva en la infancia y adolescencia. Delincuencia juvenil. Consideraciones penales y criminologías, Colex, Madrid. Cap.5. pp. 121-168.

 

Lopez, C. & Lopez, J. (2003). Rasgos de la personalidad y conducta antisocial y delictiva. Psicopatología Clínica legal y Forense, 3(2), 5-19.

 

Nouvilas, E. (1998). Procesos sociocognitivos y cumplimiento terapéutico del hipertenso. En, B.Byrne. Psicología Social. Madrid, Prentice Hall.

 

Pujol, D.; Forero, C.; Olivares, M. & Pueyo, A., NEUROLOGÍA DE LA CONDUCTA, Desarrollo del comportamiento antisocial: factores psicobiológicos, ambientales e interacciones genotipo-ambiente. REV NEUROL 2009; 48 (4): 191-198.

 

Sanabria, A. & Rodríguez, A., Conductas antisociales y delictivas en adolescentes infractores y no infractores. Pensamiento Psicológico, Vol. 6, N°13, 2009, pp. 203-218.

 

 

 

 

 

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