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Desde el punto de vista de la mayoría de los sismólogos actuales, esta observación carece de fundamento. Pero un químico chino ya jubilado, para ocupar su tiempo libre, se dedicó a observar imágenes obtenidas desde los satélites de ciertas nubes que, según cree, constituyen una valiosa e infravalorada herramienta en la predicción de terremotos.

No hay duda de que las personas que van a bordo de barcos siente los terremotos, puesto que se ven sacudidas por el súbito movimiento de las olas sin que ráfaga alguna de viento las haya levantado. Hay también un indicio en los cielos: cuando se acerca una sacudida, ya sea durante el día o poco después del ocaso, en el cielo despejado se extiende una nube como una línea fina y larga.

El epicentro del futuro terremoto, señalado por uno de los extremos de la nube, mientras que su longitud podría ofrecer indicios de la magnitud del seísmo. Según este químico retirado, tras la aparición de esa señal gaseosa, la Tierra temblará en la zona sobre la que aparece antes de 100 días. En promedio, el temblor, según sus observaciones, suele producirse al mes de la aparición de la nube.

Ni que decir tiene que los sismólogos, que recurren a todo tipo de mediciones para predecir terremotos con poco éxito, se muestran escépticos ante la sencillez de sus “estudios”. Shou, sin desanimarse, ofrece un razonamiento para demostrar que no se trata de magia, sino de algo perfectamente explicable: El vapor de agua subterráneo, sometido a temperatura y presión muy altas, sale hasta la superficie a través de una o más grietas. Y al subir, se condensa para formar una nube cuando se encuentra con capas de aire frío en la atmósfera.

Cree que el agua subterránea que origina ese vapor se puede filtrar a través de grietas que se producen en la roca como resultado de las tensiones sísmicas previas al terremoto en zonas de fractura. Con el calor, generado por las fricciones, y la alta presión, el agua sale a la superficie en forma de un chorro de vapor que origina la nube de forma repentina. Por eso, la posición de la nube podría estar reflejando en el cielo la localización de la falla, que generará el terremoto, por deslizamiento brusco.

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