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Estimada comunidad emprendedora:

Para empezar, me gustaría que conozcan quién soy y por qué puedo compartir una perspectiva diferente sobre lo que es emprender en el Perú.

Mi nombre es Giuseppe Garibotto, estudié Ingeniería Civil en la PUCP y, a dos semanas de graduarme (Mayo del 2015), descubrí que me apasionaban los negocios, el emprendimiento, y confirmé que no me gustaba gran parte de mi carrera. En ese sentido, laboré como jefe de práctica durante un año, mientras iba tomándome mi tiempo para conocer quién era y a dónde quería ir. ¿Por qué menciono ello, en este artículo de emprendimiento? Considero que en nuestro país, donde estudias desde antes de que tengas uso de razón, donde a los 15 ó 16 ya tienes que saber lo que quieres hacer con el resto de tu vida, donde no estudiar una carrera es juzgado como mediocre, y entre círculos sociales académicos, demorarse en terminar una carrera es visto con cierta compasión, en vez de estar libre de prejuicios, darse el tiempo de conocerse a uno mismo es un gran logro.

Entonces, en octubre de ese año, tras tener un tiempo viendo programas de televisión sobre negocios, finanzas, entre otros, decidí apostar por colocar un bar en mi casa. Tenía contactos, pequeños inversionistas, pero por una restricción política de mi barrio, no se pudo. No obstante, un amigo me dijo que podíamos hacer un aplicativo móvil para bares, y desde ese momento, no dejé de interesarme tanto en la tecnología.

De los 3 hombres que íbamos a hacer el bar, uno decidió no experimentar el hacer una start-up de bares. Entonces, decidí buscar cursos gratuitos de start-ups y di con Lean Start-up, por Steve Blank, un curso en UNIMOOC que fue mi único respaldo académico para emprender.

Para el aplicativo de bares, me hice pasar por un agente de una empresa turística que había conseguido una gran cartera de clientes, y que estaba armando una base de datos con los mejores bares de Lima. Así, pude tomar fotos a las cartas de distintos locales sin necesidad de hacerlo a escondidas o consumir productos. En paralelo, aprendí sobre la validación de modelos de negocios, y me percaté que el aplicativo para bares no sería utilizado por los comensales. Con mi socio, decidimos pivotear a negocios de consumo en general, e incorporamos a otra persona joven como nosotros, que estaba terminando su carrera de Gestión y Alta Dirección en la PUCP. Para diciembre, los 3 nos pusimos de acuerdo en irle a tiempo completo a este emprendimiento; no buscar trabajo, no estar en actividades extra, sino emprender, ser nuestros propios jefes y hacerlo increíble. Conseguí un socio programador; un amigo de mi horario de cachimbos que estaba a un año y medio aproximadamente de egresar.

Llegó enero y hubo una gran sorpresa. Un chico se iba a Cancún por una semana. Me lo había comentado con anterioridad, pero por lo que íbamos a emprender, estaba viendo la posibilidad de cancelar su viaje. Solo estaba en proyecto. En enero, me comunicó que sí viajaría. El Gestor sólo podía reunirse de 4 a 6 de la tarde, porque no consiguió una vacante de inglés. El programador estaba en cuzco e iba a llegar a Lima en un par de semanas, pero eso sí nos lo comunicó con anticipación.

En ese momento, comprendí que fui el único que realmente se tomó en serio lo de emprender a tiempo completo, y tuve que tomar una decisión. Hacer las cosas a medias, imitando lo que ellos hacían; renunciar a esta posible aventura, terminar o empezar una tesis y buscar trabajo, o abrirme por mi parte, dejar todo lo que hice con ellos, empezar un nuevo giro de este proyecto solo y hacer que las cosas pasen.

Exacto; escogí la última opción. Cuando mi amigo volvió de Cancún, me reuní con él y le dije que terminaría mi tesis y buscaría trabajo. No quería crear roces entre nosotros. Me pidió que me quede en el proyecto, y le dije que les dejaba todo mi trabajo y les deseaba lo mejor, pero no podía seguir sin trabajo.

Le di un giro adicional a la idea, hice una marca, y presioné bastante a mi amigo programador para que tuvieramos el aplicativo a tiempo para start-up Perú. Él se comprometió a lograrlo, y que una vez inscritos a este concurso, daríamos nuestro 100% de esfuerzo, con un mínimo de 4 horas diarias.

El día siguiente de postular al concurso, me dijo que no tenía tiempo más que para una reunión semanal, y que esta, en lo posible, fuese vía skype. No podía ir a ese ritmo con este emprendimiento, así que decidí desprenderme un poco y capacitarme más.

A las dos semanas, en la PUCP, conocí cierto centro de negocios interesante, cuyo director, ponente, editor, mil oficios a quien llamaré Edu, me presionó (porque es impresionante, pero el hombre sabe identificar, en poco tiempo, qué mueve a las personas y de dónde presionar para que sigan su voluntad) para llevar su "entrenamiento" intensivo de dos días por un precio excepcional de 750 soles, llamado MasterPlan. El discurso que me dio para que lleve su curso fue semejante al siguiente:

"Giuseppe, te llamo porque creo en ti, me parece que tienes una gran idea, gran empuje, y quiero ser tu mentor de negocios. Permíteme mentorearte en tu start-up y te aseguro que lo vas a lograr. No quiero que seas un peruano más que dice cosas y no hace, así que cumple tu palabra y lleva mi curso, es la única condición que te pongo".

Sí, nuevamente pequé de ingenuo, me sentí afortunado de que "el gran empresario, con resultados" Lanao me pidiese ser mi mentor, y acepté.

*Gran empresario con resultados porque era CEO y fundador de una Holding Internacional (Keymine Corporation) con sede en Panamá. Jurado de Start-ups en el CIDE PUCP, docente en la UPC, director del Instituto de Altos Estudios Mineros y Ambientales, futuro fundador de una universidad de negocios, el mejor abogado minero del Perú, según él.

* Tras un par de meses de investigación, conseguí la información legal de la holding, y resulta que él no tenía nada que ver, y que esta holding solo era un nombre para una empresa familiar en Panamá. Lo del CIDE-PUCP no lo pude corroborar, ni su docencia en la UPC. El Instituto de Altos Estudios Mineros y Ambientales no es más que una empresa llamada IDEMAS, con un único trabajador y dirección fiscal en su departamento (sí, demasiado vende humo), la universidad de negocios nunca se dio y de mejor abogado minero, cómo saberlo.

Allí conocí a varias personas interesantes. Desde quien pasaría a convertirse en mi aliada incondicional, Milutza Cuaresma, mi futura socia de emprendimiento de café orgánico, al fundador de Crea+, Luis Miguel Starke, un joven emprendedor que no se iba de boca, sino que hablaba con resultados; Diego Sánchez, una amiga que siempre creyó en mí, Carla, hasta un par de personas que intentaron restar en mi vida, sin éxito.

Después del curso, y un día antes de la publicación de resultados de Start-Up Perú, Edu me dio un discurso demasiado persuasivo para que yo entre a trabajar a su emprendimiento, sin hablarme de sueldos, horarios, entre otros. El hombre se veía desesperado por ello, y terminé diciéndole que no, que me enfocaría en mi emprendimiento. Él se sintió ofendido, pues me ayudó "incondicionalmente" (esa incondicionalidad que me costó 750 soles por dos días), y me dijo que no me apoyaría más con mi start-up (hasta ese momento, no me había apoyado en absoluto).

No gané el concurso, mi socio me dijo que me avisaría cuando tuviera tiempo, y esa fue la última vez que hablé del tema con él. Intenté seguir ese emprendimiento por mi cuenta, pero no tenía equipo, ni mayores conocimientos. Me metí a MakerLab para aprender a programar, pero honestamente llegó un punto en el que comprendí que yo no podía ser programador, diseñador gráfico, marketero, gestor, mil oficios y acaparador en mi propio emprendimiento. Necesitaba armar un equipo. Contacté a Gian, co-fundador de Karaoke Smart, ganador de 5 concursos, a quien le presenté mi emprendimiento, mi compromiso, todo lo que pasé para llegar a ese punto, y lo invité a compartir este emprendimiento conmigo. Aceptó, y a los pocos días tuve que viajar a Chanchamayo. Suspendí ese proyecto hasta que terminé el emprendimiento que conocerán líneas adelante.

En paralelo, Edu me escribió para preguntarme si entraba o no al centro de negocios. Le dije que no. Al mes, nos encontramos en la PUCP, dijo que no creía en mí pero que su mano derecha, Karen, le había dicho que yo sí era comprometido, y que me daba una oportunidad más. Tontamente acepté, lo apoyé en vender su curso Market-In, conocí más la faceta que él no mostraba al público; alguien con aires de superioridad. Vi cómo se desesperaba por concretar una venta, cuando le pasé el número de una amiga, Diana Rado. Le prometió el éxito, que él mismo iba a llevarla de la mano para generar ingresos en ese taller, que él podía invertir, redes de contacto y demás. Ella inicialmente aceptó, dudosa, pero a la hora expresó que no iría, y él me pidió que la presionara para que sí asista. Eso casi me cuesta una amistad.

Después de Market-In, empezaron a surgir sospechas sobre la personalidad de este "excelente" vendedor, así que decidí indagar un poco. Hubo una persona en el taller de Market-In que expresó que se encontraba en un proceso de separación. Hubo una chica que estaba pasando por un momento fuerte en su vida, y se expresaba con pasión por emprender, pero con problemas para hacerlo. A cada una, por separado, le ofreció ayuda, en forma de coaching, en "la zona cómoda", seudónimo para su departamento. Es decir, las invitaba, por separado, a darles terapia de coaching en su vivienda.

Sí, algo empezaba a ponerse raro.

Al poco tiempo, descubrí historias, conecté puntos, conseguí la información legal de las empresas antes mencionadas, y decidí alejarme lo más posible de dicho centro de negocios. Fue un golpe emocional, pues me sentí utilizado, pero me ayudó a madurar; hay quienes ven en los emprendedores potenciales perfiles para explotar, alinear y transformar a su gusto.

Finalmente, decidí intentar otra start-up; crear un ecosistema gamer peruano, inicialmente enfocado en Dota 2. Fue una aventura de mes y medio, donde creamos una marca, una base de datos de interesados, hicimos bastantes llamadas telefónicas, organizamos un torneo, pero finalmente nos dimos cuenta de que no era sostenible. Siendo objetivos, en el mercado con el que nos encontramos, los gamers querían todo gratis o a un precio muy bajo, buenos premios, y obviamente una excelente atención (que siempre brindamos). Bajo la filosofía Fail Fast - Succeed Faster, dejé ir este emprendimiento, para reactivarlo en otro momento en que haya una oportunidad de sostenibilidad en el mercado.

Cerca a esos días, me uní a un grupo de whatsapp de estudiantes PUCP, llamado Emprendimiento PUCP. Allí, Christian, un estudiante de ingeniería informática preguntó por la asesoría de un gestor de negocios para postular a un concursos de Start-Ups latinoamericano llamado Tuapp.org. Le respondí, comentándole que no soy un gestor, pero que tengo una start-up, sé cómo hacerlas, y que en todo caso me gustaría citarlo para conocer nuestros perfiles y expectativas.

En la reunión con Christian, mostré Quick Eat! El aplicativo, la interfaz gráfica, la base de datos, el plan de negocios, entre otros. Le mostré lo que se puede lograr cuando realmente crees en tu idea y das tu 100%. Me sorprendió cuando él me explicó que tenían una gran idea, que le habían dado vueltas por dos meses, y no me mostró nada tangible. Estábamos a dos días de cerrar inscripciones para el concurso, por lo que obviamente me preguntó el cómo podía asegurarse de que yo iba a estar comprometido con el emprendimiento. Le respondí la verdad:

- No tienes cómo asegurarte de ello, ni yo tener una garantía de que tú también vas a estar comprometido con esto. Solo te queda confiar en mi palabra y en mi trabajo.

Acto seguido, me reuní con el resto de su equipo, y emprendimos la aventura llamada Urban Match. Tras meses de pasar filtros en el concurso, llegamos a la final, que fue en Aguas Calientes - Mexico. Sí, en mi primer concurso de start-ups (Start-up Perú) fui finalista, y en el concurso latinamericano de apps - Tuapp.org, también. Cuando amas lo que haces, no importa qué estudiaste, cuántos años tienes, el género o lo que fuese; solo sigue tu camino. Sé tú, pero mejor.

En paralelo, emprendí un negocio de café orgánico con dos alumnas de la clase de MasterPlan y fue toda una aventura. Una de ellas involucró a su enamorado como socio, y estaban todos muy animados por formar una empresa, pero le aconsejé, a quien había iniciado este emprendimiento meses atrás, que no formara una sociedad hasta conocer el trabajo y compromiso de cada integrante del equipo. Se sumó su enamorado, y todo parecía ir lento, pero seguro. Al poco tiempo nos encontrábamos haciendo una impulsación en un condominio en Surquillo, vendiendo bastante café y disfrutando emprender.

En ese entonces, carecía de visión de negocios, que es necesario para mirar al cielo con los pies en la tierra. Éramos 4 personas, invirtiendo nuestro tiempo, dando café gratis para impulsar las ventas, y no hicimos mucho dinero ese día. Si hubiésemos valorado monetariamente nuestro tiempo, además de los recursos consumidos en la impulsación, solo habríamos tenido números rojos.

Tiempo después, Andrea, (quien empezó este emprendimiento y nos invitó a formar parte), consiguió que participáramos en la Feria Internacional del Café por un módico precio. Esta era en Satipo, cerca a Chanchamayo, y después de conversarlo, decidimos apostar por nuestro producto.

Yo fui un día antes de iniciada la feria con Andrea, para conocer la cuenca donde se hacía nuestro café. Conocí a los campesinos, pobladores, me involucré con ellos y me llené de energías; "encontré el por qué que necesitaba para dar mi 110% a este emprendimiento" - pensé.

El primer día de la feria, éramos Andrea, Milutza y yo. Dimos nuestro 100%, al punto en que organizamos un concurso para impulsar el café. Hicimos grandes contactos, hubo quien quería una tonelada de café mensual para exportar a la universidad de Yale, también otra cliente que quería la exclusividad en la distribución del café a nivel nacional. Si hubiésemos sido realistas, habríamos aceptado ambos tratos y aprender de ellos sobre cómo distribuir, cómo exportar, entre otros. El error fue que presentamos un producto alterado, que era demasiado bueno, pero no representaba el producto que nosotros vendíamos, así que no podíamos arriesgarnos con algo que iba contra nuestra, o por lo menos mi ética profesional.

Allí, conocí más el perfil de mis socios; desde virtudes, defectos, sueños, formas de hacer las cosas, entre otros.

De vuelta a Lima, quedó claro que todos estábamos comprometidos con el café, y que ya podíamos proceder a hacer la empresa.

No obstante, Andrea y Juan (su enamorado), empezaron a demorar el proceso, alegando a que estaban full con el trabajo, que se estaban mudando juntos, entre otros. Llegó un punto en el que convoqué una reunión y les dije que ellos no estaban comprometidos con esto, que sus prioridades eran el trabajo, su relación, y al último el emprendimiento del café. Siendo realistas, solo excusaban alegando otras cosas y no lográbamos avanzar. Las relaciones que hicimos con potenciales clientes en la feria se estaban enfriando y esa inversión se iba a perder. Decidimos dejar las cosas claras. Íbamos a formar la empresa y tendríamos que invertir.

Ese fin de semana casi no dormí. Estuve en línea, coordinando todo con Milutza para obtener un presupuesto realista que considerase insumos, transporte, y nuestro sueldo, pues éramos las personas que sí iban a trabajar el emprendimiento a tiempo completo. En la siguiente reunión, presentamos el plan de negocios, y les dije que no tenía dinero para invertir, y que tampoco podía seguir trabajando gratis (hasta ese momento, había diseñado banners, afiches, nuevos empaques de los productos, optimizado los procesos logísticos, nuevos diseños, entre otros, con el apoyo de Milutza). Tras una conversación un tanto áspera, quedamos en cuánto tendrían que invertir ellos 3, en que mis aspiraciones salariales no podían ser cubiertas, así que me bajaron el número, pero acepté, porque me apasionaba la idea de emprender y finalmente tener un sueldo.

Cuando llegó el día en que tenían que pagarnos, nos demoraron el depósito, y después de varios días, nos reunimos a conversar y dijeron que no tenían más dinero,  que nos pagarían menos de lo acordado. Mi parte fue menos de la mitad de lo esperado inicialmente, pero les creí la historia de que estaban ajustados, y decidí tener más cuidado con lo que decía en casa, pues esta gente no cumplía su palabra y yo seguía creyendo en ellos.

En ese momento, aún no habíamos terminado el estudio de mercado, porque la competencia se manejaban con tratos uno a uno con sus clientes, y conocer cómo operaban, precios del mercado, entre otros, era difícil. Sin embargo, Andrea y Juan se desesperaron un poco, y quisieron que produjéramos el café y empezáramos a vender a la brevedad. Como los principales inversionistas, les explicamos que aun faltaban unas cosas, pero priorizaron la producción (el mayor error cometido en este emprendimiento).

Finalmente, nos mandamos con una producción de más de 150 kilos, con miras a proveer a cafeterías. Fuimos a vender a varias cafeterías, y grande fue la sorpresa cuando nos dijeron que ese café no les gustaba tanto, porque lo preferían más tostado. Sí, 150 kilos producidos, en vez de haber validado el modelo de negocio con una pequeña muestra. El equipo se desanimó, dejaron de pagar y nosotros dejamos de pedir, porque comprendimos que estábamos pasando un terrible momento. Lo irónico es que ellos estaban buscando comprarse un carro, viajar, alquilar un departamento, entre otros. La historia de su ajuste económico terminó siendo una mentira más.

Cuando Milutza y yo nos dimos cuenta de que el emprendimiento de café era la última prioridad de nuestros socios, decidimos salir por la puerta grande. Contactamos a varias tiendas orgánicas, dejamos productos de muestra, abrimos procesos de venta, y solo dependía de que alguien coordinara las impulsaciones y empezara la venta en cada tienda. Convocamos una reunión, anunciamos nuestra salida, explicamos por qué y les dijimos que les dejábamos varios clientes con ventas por cerrarse; que dependía de ellos si realmente querían hacer que este emprendimiento despegue o si ignoraban eso y se perdía nuestro trabajo.

Aceptaron nuestra salida. Nosotros nos quedamos con unas cuantas bolsas de café para venderlas y tener algo de ingresos por todo lo que hicimos. Ellos no cerraron ninguna venta, se perdieron los clientes (y no solo eso, sino que quedamos mal) y la amistad también se congeló.

Entonces, decidí volver con fuerza a Quick Eat! el emprendimiento que empezó toda esta aventura. Publiqué en fb que volvía con fuerza, y Gian me escribió que le avisara cualquier cosa. Armé un equipo de personas comprometidas, convoqué una reunión, les dije que me desprendía de esto, que quería que fuera de todos nosotros, que lo lograríamos trabajando juntos, cada uno en lo que mejor maneja. El emprendimiento de café me sirvió para cambiar mi perspectiva, para saber por qué un equipo falla y por qué otro tiene éxito. Estaba empleando lo aprendido en mi emprendimiento.

Postulamos a un concurso en la PUCP, el IBMC, y no pasamos los cuartos de final. Sucedió que el jurado nunca había hecho colas en las franquicias de comida rápida, y en todo caso, las consideraban beneficiosas para las franquicias. Parece que ignoraron que ya habíamos validado el modelo de negocio, pero no nos importó. No dependíamos ni dependeríamos de ningún concurso. Desarrollamos una nueva versión del aplicativo, tuvimos una reunión con el gerente general de Otto Grill, quien fue más allá de lo que ofrecíamos. Quería que las personas usaran el app aún si no habían colas de espera para pagar en las franquicias.

Dimos con la solución idónea. No obstante, navidad y año nuevo hicieron que se enfriase el proyecto. En enero de este año (2017) lo reactivamos.

Y ahora que se puso entretenido, les dejo con la intriga. Continuará en una siguiente publicación ;)

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