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Por Dalia Maricarmen Contreras Rojas:

Todos dicen que la juventud es la etapa más bonita de nuestra vida, imagino que esa es la razón de la prisa en querer crecer cuando somos niños, sin embargo, llegó para mí aquella etapa y me encuentro con una realidad muy opuesta a la que me imaginé; observo a mi alrededor un mundo globalizado, a muchos les importa poco o nada la naturaleza, existe un alto índice de desempleo, pobreza y analfabetismo, la identidad aún no se apodera de la humanidad en su totalidad y algunas personas no tienen un actuar axiológico ético - moral; es así, como los diversos factores que hoy enfrento en el contexto que me tocó vivir puede hacer que me resulte difícil haber llegado a ser joven; empero, me llena de satisfacción ser parte de esta generación de jóvenes que les apasiona lo difícil, aquellos que convierten su progreso en el reto más grande de su vida, jóvenes valientes, que afrontan desafíos, aceptan retos y están dispuestos a contribuir en la solución de los problemas sociales, iniciando por mejorar su vida personal, persistiendo en lo que desean, el mundo necesita de jóvenes que se identifiquen con su nación, autores de elementos identitarios, siendo ellos mismos quiénes generen sus propio ingreso económico y estableciendo estrategias de cambio y desarrollo fortalecidas en el ejemplo y mensaje de personas ilustres, puesto que los jóvenes del siglo XXI podemos construir nuestro futuro, y una vez que nos planteamos objetivos, no paramos hasta lograrlos, siguiendo con ahínco nuestros ideales.

 

El joven del siglo XXI debe ser creativo, entusiasta y líder en todo sentido para poder sobresalir en esta realidad muy competitiva en la que nos encontramos, yo lo concibo así, porque de esta manera convertiremos situaciones difíciles en oportunidades de desarrollo, un joven creativo se apoya de la globalización para convertir a su cultura en multidisciplinaria, desenvuelta en ciencia y tecnología. La cultura puede ser considerada como creadora de identidad, como generadora de inclusión social, como aglutinadora y catalizadora de diversidad, como generadora de especificidades locales, propiciadora de redes sociales, promotora de participación, es central en la estrategia integral de desarrollo local. Si la cultura es un eje transversal del desarrollo local, el Municipio es fundamental en el desarrollo cultural de su territorio. Es transcendental la necesidad de implementar políticas culturales para promover el desarrollo de cada territorio (Erick Solera citado en Insa, 2009)

De esta manera somos artífices de muchos oficios combatiendo el desempleo que afecta al bienestar psicológico de la juventud, si bien es cierto los jóvenes somos la generación del cambio, lo que ubica a los sectores privado, público y social como el soporte y la base de apoyo para logarlo, por ello resulta importante facilitar espacios que permitan la ayuda psicosocial de la persona, los espacios de integración entre jóvenes no deben hacerse esperar, es más, deben afianzarse. Debemos plantear el papel de esta generación en las decisiones, estrategias y proyectos que decidirán el futuro en el que nosotros mismos seremos los protagonistas (Cotrina, 2017), es así que resulta indispensable ser jóvenes auténticos, autónomos y honrados de nuestras raíces, sin dejarnos influenciar por complejos absurdos originados en la sociedad. Una estrategia para combatir el analfabetismo es potencializar nuestras inteligencias múltiples, porque ante la realidad de la falta de educación en zonas aledañas no debemos sentirnos ajenos a esta situación, en la actualidad, subjetivamente, se considera una persona analfabeta, a aquella que es incapaz de tomar decisiones y solucionar problemas; ante esto reconozcamos que cada generación viene con un talento específico y el de mi generación es el de convocar y movilizar para imaginar, dar rienda suelta a la creatividad y proponer ideas innovadoras; este talento no debe ser desaprovechado, sino debe ser fortalecido a través de la confianza en nuestras habilidades y en al apoyo de agente especialistas orientados brindar una buena calidad de servicio en salud psicológica para poder desarrollarnos satisfactoriamente en la sociedad y porque no, ocupar cargos de calidad. La emergencia de realizar un cambio radical, radica en podredumbre de acciones, ejercidas por algunas personas acreedoras de nuestra confianza y que hoy han manchado la dignidad humana, convirtiéndonos nosotros en nuestros propios enemigos.

El joven del siglo XXI debe actuar con autenticidad, y lo digo por experiencia propia, porque me tocó vivir a mi corta edad circunstancias que constatan la realidad. Al concluir mis estudios secundarios me doy cuenta que en el lugar donde me localizaba, mi futuro profesional no estaba alineado con mis convicciones, pues creció en mí la idea de contribuir de alguna forma a los retos que enfrenta la sociedad y dar un cambio radical, no obstante, las ofertas académicas que recibí, reforzaban la desconexión de lo que quería y de lo que estaba a mi alcance, a pesar que existen jóvenes que crean el lugar que se merecen también existen otros que actúan a la deriva, que no tienen un proyecto de vida o no reciben el apoyo de su familia, incluso cuando di el siguiente paso para mi formación académica, la sociedad se encargó en llenarme de ideas sobre el arduo camino que me esperaba, me decían: “Dalia, todo lo que anhelas, te llevará mucho tiempo realizarlo, ¿por qué mejor no cambias de rumbo y opinión?”, muchas veces comentarios como éste constriñe a los jóvenes abandonar sus sueños; es entonces cuando esa situación me llevó a creer con más fuerza en mis capacidades, a potenciar mi motivación y descubrir que lo que pensé toda mi vida no era tan descabellado después de todo, pensé entonces en la existencia de las personas que luchan y estamos dispuestas a intentarlo una y otra vez, ahora puedo decir que es difícil pero no imposible, que con esfuerzo, dedicación, disciplina y perseverancia, podemos cumplir nuestros retos; entendí que podemos realizar cambios desde donde nos encontremos y que es muy necesario empezar con la búsqueda de nuestros principios, porque una transformación viene tras un estado de entender y creer en el poder que cada ser humano posee para cambiar su entorno; el gran cambio empieza en uno mismo, es muy necesario tener presente que si cambio yo, cambia el mundo. Fortalezco mi idea en lo que dijo Nicholas Kristof:

“La juventud, de nuestros tiempos parece estar más en la vía de modelar este mundo y por asumir el compromiso de ser emprendedores sociales”

Está situación puede cambiar cuando tonificamos nuestra identidad cultural, empezando pues por una identidad personal y transformándola en identidad colectiva, sentirnos orgullosos de todo lo que conforma nuestro patrimonio cultural, conociendo de todo lo que está conformado, parto del principio:” Nadie valora lo que no ama, y nadie ama lo que no conoce”; así seremos nosotros mismo los embajadores de nuestro turismo y consolidar a nuestra provincia como capital del turismo, es necesario trabajar con el gobierno local y regional para repotenciar nuestra cultura y ponerla en vitrina para todo el mundo.

En la actualidad el enemigo más grande de un peruano, no es un chileno ni un español, en el tiempo que vivimos, quienes nos están amenazando son actos de corrupción, pobreza, delincuencia, desigualdad, atraso y muchos factores que flagelan nuestro pueblo. Ante esto recuerdo con tenacidad el mensaje que uno de los huamachuquinos más ilustres de nuestra historia republicana nos dejó, que a la vez es un reto individual y una tarea social, “el de ser libres”. Es necesario y urgente romper con las cadenas del egoísmo, la corrupción, la indiferencia, del conformismo para lograr así una sociedad realmente libre y unida. Ante esta realidad urge reforzar nuestra identidad, porque un ciudadano con identidad y amor a lo suyo no dejará que nadie lo pisotee.

Me doy cuenta entonces que ser joven en este escenario puede resultar un reto, y los retos no son fáciles, sin embargo, que gratificante puede resultar cuando los superamos, y puede ser magnífico cuando lo superamos en equipo, porque un solo ser humano no puede cambiar el mundo, en cambio muchos con el mismo horizonte, con las mismas ideas y convicciones, sí podrían lograr impactos positivos, aceptando tareas que nos depara el destino y fortaleciendo nuestras habilidades porque como dijo Roberto Chafar, los jóvenes no debemos ser como unas botellas vacías que hay que llenar, sino como velas que hay que encender.

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